30 de enero de 2020

SORPRENDIDO

Como reza el título de la entrada, sorprendido me hallo con la buena respuesta por parte de los oyentes/escuchantes. Y es que en menos de veinte días, "El faraón desconocido" va camino de las 8.000 descargas. Solo puedo dar las gracias a Jose, Jota para los seguidores de su magnífico podcast, Cuentos y Relatos, y a la cantidad de gente que lo sigue y anima para seguir. Aunque es injusto hacer menciones, ya que es mucha la gente que hay al otro lado, sí quisiera agradecer especialmente a Isa, Miguel, David, Estaselva, Andrés, Historias Pulp, Olga Paraíso y Nilda, que, junto a otros muchos, siempre están ahí, animando, haciendo comentarios y críticas, que siempre son constructivas y ayudan a mejorar.
Adjunto una captura que me hace especial ilusión, ya que no se está todos los días acompañado por Edgar Allan Poe, Charles Dickens, Franz Kafka o Elizabeth Braddon :)


15 de enero de 2020

Podcast del relato "El faraón desconocido".

Relato inspirado en la obra de H. P. Lovecraft.
Escrito por Vicente Ortiz.
Narrado y editado por La Nebulosa Ecléctica.
Puedes escuchar más audios desde la pestaña "Podcast", en la parte superior del blog, en la lista de reproducción en Ivoox o si lo quieres descargar con mayor calidad de sonido en Mega

13 de septiembre de 2019

Una ciudad que bullía dentro de otra que dormía.

Claro quedó enseguida que Cedric iba buscando otra cosa, cuando sorprendido, observé que mi buen amigo conocía muy bien la zona y tenía otros planes más atrevidos que ver alguna aburrida actuación de segunda. Eso despertó en mí cierta excitación controlada, aunque por otra parte me fascinaba comprobar que no conocía en profundidad a mi amigo tanto como pensaba. Como lo noté seguro y decidido, por otra parte, algo habitual en él, sin hacer preguntas me dejé llevar por las callejuelas de los barrios bajos y decadentes de una ciudad que bullía dentro de otra que ya dormía. Animado por el licor de varios de sus locales, bien entrada la madrugada, atravesamos calles en penumbra por las que deambulaban abundantes personajes desaliñados y borrachos. En algunas esquinas, vociferaban corrillos de hombres muy bien vestidos que parecían tratar asuntos con pícaros que reían de forma estridente al cobrar el dinero que éstos le ofrecían a cambio de quién sabe qué.
Al llegar al embarcadero, el soniquete de un ir y venir de almas se mezclaba con los licenciosos comentarios de jóvenes muchachas ligeras de ropa que alquilaban su existencia al mejor postor. Una de ellas, de piel morena y largo pelo negro, me miró fríamente en silencio con sus maquillados ojos centelleantes. No puede evitar contemplarla con una mezcla de admiración por su belleza y de pena por su suerte. Cuando llegué a su altura, de entre las sombras surgió un descarado fortachón mostrando un bastón metálico. Sin tiempo de reacción, mi amigo me tomó del brazo y me llevó a la otra parte de la calle caminando deprisa mientras me susurraba que, una regla no escrita de la noche era que, si no estaba dispuesto a pagar por una compañía femenina, tampoco podía mirarla. De no haber sido por la efímera valentía que acompaña a los efectos del licor, habría obligado a mi amigo a salir cuanto antes de aquel averno, sin embargo, aquel incidente me envalentonó al sentir la misma curiosidad de un niño que está empezando a descubrir la realidad de la vida.
―Allí es, Brandon ―indicó Cedric con una mano mientras con la otra me alentaba a aminorar aún más el paso―, no lo olvidarás jamás.

Seguí sin preguntar, simplemente me abandoné a su voluntad caminando torpemente por una calle que ascendía y descendía entre charcos y suciedad. Al llegar a una zona llana, donde el húmedo empedrado reflejaba la tímida luz de la luna, cruzamos un puente de tres arcos de hierro y pasamos junto a un grupo de hombres que discutía de forma acalorada. Continuamos en silencio hasta la puerta del tugurio escogido, donde Cedric, saludó a un hombre calvo y achaparrado que llevaba la camisa desabrochada y manchada de algo parecido a un vómito reciente. No sé cuánto pagó por nuestra entrada, pero a pesar de la lobreguez del lugar y de su disimulo, pude ver cómo Cedric le introducía unos billetes en el bolsillo de la sucia camisa al rechoncho portero que contestó abriéndonos paso con una socarrona carcajada.
En el opresivo interior no había mucha más luz que en la calle. Sobre cada zona tenuemente iluminada por una vela a medio consumir, se alzaba una inmensa nube de humo que inundaba lo que parecía un viejo taller o negocio en el que habían improvisado, sin muchas exigencias, aquella maloliente taberna. Tumbados en unos mugrientos colchones de lana sucia, varios hombres de ojos vidriosos fumaban opio embarcados en un viaje laberíntico a los confines de la fantasía. Otros saltaban y gritaban con gestos desquiciados en un frenesí enfermizo mientras daban empujones o caían sobre los hombres que ya estaban en el suelo. El olor: mezcla de botica, bodega y cuadra, penetraba en la nariz haciendo que los ojos lloraran y picara la garganta. Muy lejana, la melodía de un tocadiscos que giraba tras una espesa cortina negra en la parte trasera del establecimiento, llegaba vaporosa en forma de sonido entrecortado por el ruido de los parroquianos.
Cedric, sonrió ladeando con gracia su mentón en una especie de saludo que llamó la atención del hombre, que tras el mostrador nos miraba de soslayo con unos ojos que se me antojaron sin párpados ni pestañas. El extraño camarero, con cierta dificultad y anormales movimientos, dio media vuelta girando sobre uno de sus pies para coger de la minúscula estantería dos pequeños vasos de cristal. Alto, delgado, canoso, con el rostro apergaminado y mirada de desequilibrado, el hombre abrió una botella cuando mi amigo se acercó al mostrador y posó uno de sus codos. El loco asintió mostrando una sonrisa cómplice y sirvió su variado brebaje.  Bebimos. Era la primera vez en mi vida que tomaba un láudano como aquel, pues anteriormente solo lo había ingerido en forma de jarabe medicinal, pero al tercer vaso creí alcanzar el nirvana. Mis miedos y problemas desaparecieron por arte de magia, dando paso más tarde a un estado de letargo semiconsciente donde el mundo flotaba a mi alrededor en un baile místico que invitaba al olvido de toda una vida de traumas y miedos estúpidos.
Pasado un lapso imposible de calcular, mi buen amigo desapareció un instante, para volver más tarde con una larga pipa. Una vez más, me tomó del brazo y me dejé llevar. En uno de los resguardos del local, a modo de guarida, dos hombres de mirada inexpresiva y boca entreabierta, se levantaron a nuestra llegada, cediéndonos el espacioso diván de madera donde seguramente habían estado fumando opio junto a la lámpara. Me tumbé intentando amoldar la espalda al escaso acolchado. Fumé. Una vez más, no sé cuánto tiempo pasó, solo recuerdo que cuando Cedric intentó tumbarse a mi lado, a duras penas me puse en pie para dejarle todo el diván. Tras levantarme, sentí una punzada brusca en la tripa, que me hizo encoger. Él sonreía acomodado sin soltar la pipa. Temiendo vomitarle encima, intenté dar unos pasos, aún con cierta energía, pero entonces llegó el descenso a los infiernos y creí perder el conocimiento al trastabillar y caer. Desde el suelo pude ver a otros que dormitaban a mi altura.
El eco remoto del tocadiscos pareció amplificarse a la vez que todo en torno a mí oscilaba de manera brumosa, como si el humo se tragara la materia sólida y lo transformase durante su ciclo en algo inmaterial o gaseoso.

Extracto de una historieta que estoy escribiendo y algún día terminaré.
Registrado en Safe Creative con el código 1909131921668
Septiembre de 2019.

7 de septiembre de 2019

Podcast del relato "la ventana"

Relato escrito por Vicente Ortiz, narrado y editado por La Nebulosa Ecléctica.
Puedes escuchar más audio relatos desde la pestaña Podacast en la parte superior del blog, en la lista de reproducción en Ivooxo si prefieres mayor calidad de sonido, puedes escuchar o descargar este audio en Mega.

21 de mayo de 2019

Turbadoras miradas.



Queridos oyentes, muchas gracias por vuestro apoyo y paciencia con esta humilde locutora que tanto disfruta narrando grandes y pequeñas historias. Sé que no es propio de mí ausentarme tanto tiempo del micrófono, y pido disculpas por ello, pero recientemente he pasado por algo muy desagradable, y he preferido tomarme un descanso. Sinceramente, no me veía con fuerzas de grabar algo que bajara la calidad del programa por culpa de mi estado anímico y, aunque ya me siento mejor, y espero volver a retomar pronto la dinámica de trabajo habitual, hoy vais a tener que perdonar que me salte mi propio guion. Aunque sólo sea por esta vez, necesito detallar algunos sucesos que, sin pretenderlo, he vivido en mis propias carnes. Sentir que estáis al otro lado escuchando creo que me servirá como terapia de choque, por eso no podía dejarlo pasar. Encontraréis algunos paralelismos con las ficciones que nos gustan en este programa, o tal vez no, y llegaréis a creer que están extraídos de alguna serie o novela, sin embargo, os prometo que son tan ciertos como que me llamo Gina.
Antes de empezar, quiero que sepáis que no vais a oír efectos sonoros más allá de un poco de música de fondo. Si notáis que improviso o escucháis algún fallo, se debe a que estoy haciendo mi primer directo. Sí, como suena, no hay edición, repito: estoy en directo. Tal y como os adelanté en Twitter, he superado la vergüenza y podéis verme ahora mismo a través de YouTube. A los más de mil doscientos que ya estáis conectados, os mando un beso, que hago extensivo para los que escuchéis más tarde el podcast.
Confieso que he pasado unos días estresantes corrigiendo el texto, haciendo pruebas con la cámara y temiendo que a última hora me diera un ataque de ansiedad o algo así, pero la verdad es que me siento genial.
Antes de que se me olvide, aunque ya os he dicho que esta historia es real, me he tomado sutiles licencias adaptando algunos detalles o escenarios para hacerlo más novelesco. Para evitar conversaciones, lo he escrito para ser narrado en primera persona, pero siempre por separado desde el punto de vista de cada personaje y variando los tiempos verbales. No sé si habré acertado, vuestros comentarios me sacarán de dudas. Sin más, paso a relatar esta historia.
Que la disfrutéis.

25 de abril de 2019

Podcast del relato "Rosalía".

Relato escrito por Vicente Ortiz, narrado y editado por La Nebulosa Ecléctica.
Puedes escuchar más audio relatos desde la pestaña Podcast del blog, o directamente en IVoox. Si prefieres mayor calidad de sonido, puedes escuchar o descargar el audio en Mega.

11 de abril de 2019

Podcast del relato "Turbadoras miradas".

Relato escrito por Vicente Ortiz en exclusiva para el podcast de Olga Paraíso, Historias para ser leídas
Puedes seguir el trabajo de Olga en Spotify, itunes, Google podcast, Twitter, YouTube o Ivoox.
Más audios de Vicente en Ivoox.


27 de marzo de 2019

Promo Turbadoras miradas.

Vídeo promocional del relato Turbadoras miradas, escrito en exclusiva para el podcast de Olga Paraíso, Historias para ser leídas.
Puedes seguir el trabajo de Olga en YouTube en Twitter y en Ivoox.



24 de febrero de 2019

Promo Cuaderno de bitácora.

Video promocional del relato "Cuaderno de bitácora". Próximamente disponible en el podcast de Olga Paraíso, Historias para ser leídas.




20 de febrero de 2019

Aguas oscuras.

Vídeo realizado a partir de unas fotos y el relato "aguas oscuras" escrito por Vicente Ortiz. 
Narración y edición de audio por La Nebulosa Ecléctica.


11 de febrero de 2019

Podcast del relato "La mansión Farrell".

Audio relato escrito por Vicente Ortiz. Narrado y editado por La Nebulosa Ecléctica
Escucha la lista completa en Ivoox
Audio con mejor calidad de sonido en Mega.

1 de febrero de 2019

El faraón desconocido.

C
on esta carta de despedida, sólo quiero pedir perdón y dar a conocer unos hechos que vivió mi abuelo materno hace muchos años y que, por desgracia, se han repetido. Su historia la contó en el lecho de muerte, y, aunque yo era un niño, jamás he olvidado sus palabras. Mi madre, seguramente queriendo protegerme, le quitaba importancia diciendo que el viejo estaba loco y que vivió obsesionado y en perpetuo pavor intentando hallar respuestas a su paranoia. ¡Pobre incomprendido! Sólo yo conozco la fortaleza que demostró para llegar a anciano soportando tanto sufrimiento mientras luchaba contra el mal que poseía el objeto que lo hizo caer en desgracia. No guardo rencor a mi desdichada madre, al contrario, sé que su vida no fue sencilla, subsistió menospreciada, al igual que mi abuela, por pertenecer a un seno familiar extravagante para los cánones morales y cívicos que se suponían correctos. Sin contacto con las personas que nos rodeaban, nos mudábamos constantemente de ciudad en cuanto aparecía un ápice de relación social. Entonces no lo entendía, pensaba que todo correspondía al comportamiento corriente de una madre soltera de la época que tenía que criar a su hijo y cuidar de un padre enfermo sin poder permitirse otra cosa que no fuera trabajar y mantener una mínima ilusión de cordura en el hogar. Al madurar comprendí que ella sólo quería alejarme del estigma y el caos que le tocó vivir.
Cuando el abuelo Smith se fue para siempre, mi madre temió que yo acabara como él. No se confundió. A pesar de su protección, nada pudo hacer cuando él, sin pretenderlo, como si de una herencia macabra se tratara, me pasó el testigo de un trastorno que se dejaba adivinar en mi curiosidad morbosa por investigar su pasado. Aún era un adolescente cuando ella también partió. Con el tiempo, mis indagaciones se convirtieron en una obsesión febril de auténtica pesadilla. Después de examinar durante años sus pertenencias, manuscritos y recortes de prensa, me dediqué a viajar en busca de las más recónditas bibliotecas, a profundizar en oscuras sociedades secretas, a vagabundear en un mundo paralelo de sustancias psicotrópicas y a acercarme a líderes de tenebrosas sectas. Fueron años de confusión que me hicieron comprender finalmente que, cuanto más me acercaba a los misterios de mi abuelo, más me enredaba en su mismo desconcierto enfermizo.  
Descubrí que cometió, producto del poder maligno que lo manejaba de forma semiinconsciente, unos horribles crímenes que marcaron su tormentosa vida. Cuando supo de sus actos, se convirtió en un ser extraño e infeliz que, por suerte, pudo combatir el resto de sus días contra esa fuerza que siempre lo acompañó. Por desgracia yo no soy tan fuerte. Tardé en darme cuenta del dominio que ejercía sobre mí, pero, aunque ya es tarde y no puedo devolver la vida a quien se la arrebaté, ni enmendar el daño que a tantos he infringido, hoy pondré fin al laberinto aterrador en el que me encuentro y que me ha llevado a vivir experiencias que asustarían al místico más osado.

27 de diciembre de 2018

Podcast del relato "Insectos".

Audio relato escrito por Vicente Ortiz. Narrado y editado por La nebulosa ecléctica.
Escúchalo en Ivoox.
Con alta calidad en Mega.

26 de noviembre de 2018

Podcast del relato "Londres".

Audio relato escrito por Vicente Ortiz. Narrado y editado por La Nebulosa Ecléctica. 
Escúchalo en Ivoox.
Con alta calidad en Mega.
Si no puedes reproducirlo, inténtalo en el siguiente enlace a Ivoox.

2 de noviembre de 2018

Podcast del relato "El Pugio".

Audio relato escrito por Vicente Ortiz. Narrado y editado por La Nebulosa Ecléctica. 
Escucha la lista completa en Ivoox.
En alta calidad en Mega.
Si no puedes reproducirlo, inténtalo en el siguiente enlace a Ivoox.

8 de octubre de 2018

Podcast del relato "Hellville".

Audio relato escrito por Vicente Ortiz. Narrado y editado por La Nebulosa Ecléctica. Si no puedes reproducirlo, inténtalo en el siguiente enlace a Ivoox.

18 de septiembre de 2018

Podcast del relato "Cuaderno de bitácora".

Audio relato escrito por Vicente Ortiz. Narrado y editado por La Nebulosa Ecléctica.
Si no puedes reproducirlo, inténtalo en el siguiente enlace a Ivoox.

6 de julio de 2018

El pugio.


Ahora que mi aliento se agota y que pronto mis ojos se cerrarán para siempre, reconozco que no mereció la pena. He malvivido en Hispania desde que me exilié y nada de lo que se me prometió se ha cumplido. Sé que lo merezco, hice algo terrible y por eso ya no tengo nombre, ni patria, ni pasado. Ahora mis huesos y pellejos yacen en la oscuridad de la más humilde de las villas hasta que me llegue la hora. Fui un ingenuo enamorado de la más cruel y hermosa criatura que haya parido la República. Me sedujo y acepté a acabar con el enemigo de su padre sin saber quién era y que todo era un sueño; pues ni siquiera era su padre, pero creo que soy tan estúpido, que, aunque volviera a nacer mil veces, volvería a caer en su trampa a cambio de volver a sentir su cuerpo desnudo entregado a mí. Aunque hace mucho tiempo de aquello, no puedo reunirme con Plutón sin confesar el secreto que destrozó mis días de juventud y me hizo abandonar mi amada Roma para siempre.

1 de julio de 2018

Podcast del relato "Aguas oscuras".

Audio relato escrito por Vicente Ortiz. Narrado y editado por La Nebulosa Ecléctica.


Si no puedes reproducirlo, inténtalo en el siguiente enlace a Ivoox.

19 de marzo de 2018

Videorrelato "La Mansión Farrell ".

Vídeo creado a partir del relato escrito por Vicente Ortiz emitido en el programa de radio "La Rosa de los Vientos" de Onda Cero el sábado 23/01/16Narrado por Fernando Megía con la colaboración de Agustín García y realizado por Pepe Menchero.


2 de febrero de 2018

Insectos

 Incluso antes de que cayeran las comunicaciones, la desesperada situación entre los supervivientes que intentaban encontrar alimentos y sitios seguros, se estaba traduciendo en continuos altercados violentos. Eso me provocaba aún más pavor que los diabólicos insectos, pero quién soy yo para juzgarlos, se trataba de sobrevivir y por eso salía de casa en contadas ocasiones para pertrecharme de lo estrictamente necesario y dosificar los víveres durante el mayor tiempo posible.
Comencé el día de mi nueva vida después de una noche en la que había pasado más tiempo despierto que dormido. Mi cuerpo era ya una enorme roncha que desfigura toda forma anterior a la llegada de los insectos. Cada mañana al despertar, me dedicaba a matar y barrer los bichos que se habían colado en casa, quién sabe por dónde, pero esa mañana fue diferente. Maté a los que me molestaron, pero se quedaron en el suelo.
Con la mochila preparada, mi inseparable raqueta y el estrambótico traje de protección de abejas que había reforzado de forma artesanal, salí a la calle sin tener muy claro el rumbo a seguir. En un principio me había planteado intentar subir a la montaña, que aún conservaba nieve. Albergaba la esperanza de que allí no hubiera ningún insecto, pero, aunque así hubiese sido, de nada me habría servido no morir por el veneno de sus picaduras si iba a morir de hambre o frío, así que, cogí buen ritmo y me dirigí a la salida oeste.
En poco más de una hora de caminata, dejé atrás la ciudad en la que había pasado toda la vida. Allí ya no había familia, ni amigos, ni siquiera buenos recuerdos, incluso dejé a Phillips, mi apellido y por quién era conocido. Hacía mucho tiempo que no lo escuchaba pronunciar por nadie. Lo único que quería, era alejarme del horror, quizá para adentrarme en otro, pero tenía que intentarlo.
El camino no fue sencillo. Con la raqueta fui matando y espantando bichos todo el tiempo, pero mis fatigados brazos me dolían y pesaban por la sobrecarga. En algunos tramos tuve que subir montículos de bichos muertos que se habían ido amontonando en mitad de la carretera formando espectaculares barricadas. El olor era vomitivo y el sonido al pisar esa masa crujiente y viscosa en descomposición, era repugnante. Mis pies se adherían a un suelo que me agarraba, y cada paso era más penoso que el anterior. Mi cerebro empezó a jugarme malas pasadas, y por el agotamiento y la inhalación de los restos podridos, en algún momento llegué a creer que mis botas hacían una especie de efecto ventosa y se atrapaban en la masa, sacando los pies descalzos. Por suerte no ocurrió, aunque sí caí en un par de ocasiones embadurnándome casi todo el traje.

26 de septiembre de 2017

Rosalía

Aún se me eriza la piel cuando pienso en aquellas noches. La parte racional de mi cerebro me dice que fue sugestión, y como siempre he sido una persona escéptica, es a lo que me agarro, pero esa otra parte cerebral, quizá más loca y menos encorsetada, a la que algunos llaman emocional, me dice que viví una experiencia paranormal. Ya sé que viniendo de mí suena a broma, yo, el incrédulo que a todo le pone objeciones o le busca una explicación racional, hablando de fenómenos anómalos en primera persona, pero créeme, los hechos ocurrieron.
En unos días hará dos años que hice un viaje con mis amigos Eduardo y Rafael, recorriendo buena parte del norte del país. Como uno de ellos tiene parientes en un pequeño pueblo montañés al que hace años que no va y está muy cerca de una de las zonas que íbamos a visitar, nos pasamos a saludar.
Nada más llegar al pueblo y ver a su familia, que, aunque lejana, parecían hermanos por las muestras de afecto, sobre todo de la mujer de más edad, supe que no permitirían que nos quedáramos en un hotel y que nos obligarían a pasar la noche allí. Finalmente fueron dos noches. Por el día aprovechamos para visitar la zona y no causar muchas molestias, ya que éramos tres personas más en la casa, y aunque era enorme y en ella solamente vivían tres mujeres, no queríamos abusar de la confianza.
Como ya he dicho, la vivienda era un caserón tan grande como antiguo y tan solitario como silencioso. Revestido de granito y madera parecía una casa rural de esas que hay ahora, pero ésta, era real. Las tres mujeres eran solteras. La mayor de las ellas, de unos sesenta años, era la madre de una y tía de la otra, pero parecían hermanas clonadas. Las tres eran altas y delgadas, vestían de riguroso negro y llevaban el pelo recogido. Aunque parcas en palabras, eran muy agradables, y en todo momento nos hicieron sentir como en casa.
La primera noche, nos fuimos a la cama poco después de cenar. No nos pareció apropiado que las tres mujeres se fueran a dormir y sus huéspedes se quedaran por allí cotilleando, cosa que nos vino bien, porque estábamos agotados.
Mis amigos durmieron en la misma habitación, justo al lado de las de las dueñas. A mí me tocó una habitación en la otra parte de la casa, entre la cocina y el comedor. La ventana daba a un corral donde había muchas macetas, una jaula con pájaros y un pozo.
A pesar del colchón, que se hundía más de lo deseado y del somier metálico que crujía cada vez que me movía, no tardé en quedarme dormido. No habrían pasado más de dos horas, cuando un sonido tras la puerta me despertó. Sin moverme, permanecí atento por si volvía a escuchar algo, ya que empecé a dudar si habría sido un sueño. Mi duda quedó aclarada cuando volví a oír una especie de lloriqueo, como el lamento de alguien que está sufriendo, pero sin hacer excesivo ruido. Luego paró. Tras un rato de tranquilidad, me senté sobre la cama preocupado por si había pasado algo. La cama chirrió rompiendo el silencio sepulcral del lugar y fue como si pusiera en alerta a la persona que había al otro lado de la pesada puerta de madera. Caminé mientras escuchaba unos pasos que se alejaban y cuando abrí la puerta, allí ya no había nadie. Lo primero que me vino a la cabeza, es que mis amigos habrían querido gastarme una broma, pero después de llevar un buen rato tumbado sobre la cama sin poder dormir, a pesar del paradisíaco silencio de aquella casa, empecé a dudar si habría sido alguna de las mujeres. Posiblemente al levantarme de la cama, se asustó o no quiso encontrarse a solas conmigo y fue cuando escuché los pasos apresurados que se perdían por el oscuro y frío pasillo.

17 de abril de 2017

Podcast del relato "Londres".

Audiorrelato escrito, narrado y editado por Vicente Ortiz.


Si no puedes reproducirlo, inténtalo directamente en IVOOX

24 de febrero de 2017

Hellville

1. El investigador.
El antiguo oficial de Scotland Yard dejó atrás el edificio de las nuevas dependencias policiales en silencio y negando con la cabeza. Tenía un solo día para contestar y no ayudaban las formas en las que se había solicitado su colaboración. Como necesitaba estar a solas y meditar la respuesta que debía darle a Daniel, bajó caminando despacio por Victoria Embankment. Al llegar al Támesis, encendió un cigarrillo mirando a los trabajadores que remataban las obras del nuevo alcantarillado.  
Charles Moore era un hombre serio y educado que alcanzaba la cincuentena, pero por su físico no aparentaba más de cuarenta años. Alto y a pesar de su amplia espalda, lucía una figura delgada, casi escuálida. Con el pelo largo, totalmente rasurado y con las patillas más cortas de lo que dictaba la moda, nadie diría que había pasado más de media vida trabajando en la policía de Londres.
Le irritaba sobremanera que sus antiguos colegas recurrieran a él ahora que trabajaba por su cuenta. Pero lo que más le había indignado de aquella cómica reunión, fue que Lord Howard, un viejo ricachón, y Albert, su inseparable hombre para todo, quisieran participar en el caso. Dónde habían quedado la metodología y la discreción con la que tan buenos resultados en el pasado habían hecho del cuerpo un ejemplo envidiado por todas las policías de Europa. Estaba cansado de que lo citaran para asesorar o dar un punto de vista diferente al de sus investigadores y a pesar de que pagaban bien, casi siempre se negaba o buscaba alguna excusa aludiendo que tenía mucho trabajo. Para su desgracia, esta vez, el oficial de mayor rango con el que habló, era un viejo conocido de nombre Daniel, con el que había compartido demasiados años de experiencias. Se conocían bien y le costaba negarse cuando éste era quién le pedía ayuda. Por su expresión, gestos o Dios sabe qué, el veterano oficial sabía perfectamente si a Charles le interesaba un caso y entonces lo presionaba hasta convencerlo.

En reiteradas ocasiones le había dejado clara su opinión sobre el caso de William, el médico desaparecido, pero la influencia de altas esferas estaba poniendo contra las cuerdas al cuerpo y de ahí su insistencia para que les ayudase. Demasiada gente adinerada se había preocupado por la desaparición del galés, uno de los personajes más ilustres desde que se trasladó a Winchester. El caso era interesante y muy bien remunerado, pero que dos civiles con ganas de aventura formaran parte de la investigación, no ayudaba en absoluto y por eso había hablado con contundencia ante las miradas inquisitorias del viejo Lord Howard y Albert, su ayudante. Finalmente aceptó el caso, aunque lo haría a su manera y compartiendo solamente lo estrictamente necesario. Si llegaba el caso, daría pistas falsas para que los dos patanes no entorpecieran sus pesquisas. A él le gustaba trabajar en solitario.

17 de febrero de 2017

El duende malo y el mago bueno.

Érase una vez, en un país muy muy cercano en el que quince niños entraban al cole como cada mañana. Habría sido un día normal y corriente si no fuera porque en pleno recreo, Adolfo, un extraño hombrecillo vestido de llamativo y alegre colorido, al que solamente los niños podían ver, les dijo que en la hora del recreo del día siguiente lo acompañaran para tener una gran aventura, eso sí, deberían guardar el secreto porque los mayores no entendían nada de nada. A pesar de que aquel personaje no tenía muy buenas pintas, por alguna razón, quizá mágica, los niños no dudaron en urdir un plan.
Cuando Merycar, la maestra, no miraba, iban diciéndose cosas al oído y discutiendo cómo lo harían.
Bruno, Nico, Nahiara y Carmen pronto se pusieron de acuerdo con Jorge, Asiel, María y Manuela. Yoel, Silvia y Lucía al principio no terminaban de verlo claro, pero cuando Diana Marcela, Naila, Gabriela y Carla se apuntaron, no dudaron en unirse al grupo.

25 de enero de 2016

Podcast del relato "La mansión Farrell".

Relato escrito por Vicente Ortiz.

Emitido en el programa de Onda Cero, La rosa de los vientos.
Narrado por Fernando Megía con la colaboración de Agustín García y la realización de Pepe Menchero.

28 de noviembre de 2015

Somos diferentes.

No puedo quejarme, no. He tenido una vida tranquila y feliz.
La gente siempre me ha sonreído, caigo bien, eso lo sé. Ahora estoy mayor y las cosas han cambiado. De hecho, es ahora cuando empiezo a hacerme preguntas que antes jamás se me habrían pasado por la cabeza. Antes sólo pensaba en superarme, en hacer las cosas bien, en dar amor y enseñar lo que sé. Puede que sea porque las caras que antes me sonreían, ahora están más serias simplemente porque me queda poco. No quiero dar pena a los que tanto me han dado; solamente quiero que me recuerden como era antes.
Mi familia está a mi lado y los que vienen de visita me dan el calor que necesito. Por primera vez deseo salir de este mundo, y, aunque me aleje de mi familia, quisiera salir con los otros, con esos que no han dejado de visitarme durante toda mi vida. Me gustaría tener mi última gran experiencia, pero no sé si aguantaría con ellos ahí fuera. Somos diferentes.


Una niña a la que jamás había visto se acerca. Está muy triste, pero es preciosa. La miro fijamente a los ojos y aunque no entiendo lo que dice, me transmite tranquilidad. La señora mayor que la acompaña se seca sus lágrimas. Empiezo a ver borroso. Siento que me duermo, puede que lo haya hecho un instante, pero vuelvo a abrir los ojos. La niña también comienza a llorar. Vuelvo a sumirme en un sueño, esta vez es más profundo. Siento paz, la paz que nunca pensé que lograría en un momento así. Siempre me atormentó pensar en el último suspiro, pero ahora me siento bien.
¿Qué le pasa? pregunta la niña.
Ha llegado su hora, cariño.
―¡No quiero que se muera el delfín! grita sollozando.

Vicente Ortiz Guardado.
28-11-15

30 de octubre de 2015

La madre loba.

La camada de tímidos lobeznos salió a descubrir el mundo que les rodeaba. Ajenos a lo que les había tocado vivir a sus progenitores, no tardaron en entregarse al juego sobre la manta de hojas que cubría el húmedo suelo otoñal.

Cuatro largos años habían tardado, batida tras batida, en acabar con aquellos miserables animales. Santiago, el famoso cazador que había llegado de las montañas del norte contratado como una auténtica estrella en la extinción de lobos, estaba satisfecho. Ganaría un buen pellizco y además, había ayudado a la comunidad exterminando al último lobo sobre la tierra. Se le había resistido, pero después de varios días de acoso pudo abatirlo de un disparo certero. Ahí comenzó su calvario.
El respetable, a la par que alocado Gabriel, un viejo del lugar totalmente en contra de la matanza y al que todos conocían como El chamán del bosque, le advirtió cuando portaba el sangrante trofeo en el remolque de su camioneta: "acabas de vender tu alma a Satanás. Ya nada será igual, jamás descansarás y la madre loba te atormentará cada día de tu triste vida".
Santiago, lo miró con desdén, pero sus profundas ideas religiosas le hicieron sentir un pinchazo al escuchar al melenudo y arrugado personaje. Por suerte para él, no tardó en olvidar al viejo, ya que uno de los cazadores locales se le acercó entre risas para hacerle entender con un gesto, que el pobre anciano estaba loco.
Esa misma noche comenzaron las pesadillas en las que una enorme loba parda, alentada por Gabriel, le perseguía hasta devorarlo. Noche tras noche, en cuanto cerraba los ojos, las enormes fauces de la madre loba desgarraban sus entrañas. El insomnio lo llevó a la depresión y ésta sumada al consumo de alcohol, a ir perdiendo la cordura. Algunas veces creía ver los brillantes ojos de la loba centelleando en la oscuridad de su casa. Semanas después de acabar con el último lobo, apenas quedaba nada del fortachón leñador del norte que había llegado con aires de grandeza portando un fusil al hombro. Una noche tuvo un sueño revelador y aunque su estado era lamentable, no dudó en coger la camioneta y volver al sitio en el que todo empezó. 
No se extrañó al ver que Gabriel lo estaba esperando en la puerta de su cabaña. Los dos hombres no dijeron palabra alguna durante el trayecto que les condujo a través del frondoso bosque hasta el comienzo de una pequeña montaña granítica salpicada de oquedades y pequeños arbustos. Llegaron cuando la sombra ganaba la batalla a los últimos reflejos del sol. El viejo encendió una hoguera y ante la atenta mirada de Santiago, que por instantes parecía recobrar la razón, sacó algo de comida. Se sentaron al abrigo del fuego y comieron.
¿Qué tengo que hacer? se decidió a preguntar el leñador con voz temblorosa.
Ya no puedes arreglar lo que hiciste, pero puedes reconciliarte con ella dejándola que cumpla su misión. Debes ayudarla, solo así podrás descansar contestó el viejo chamán mirándole con dureza.

Unos minutos después apareció una enorme loba parda. Excepto por su delgadez, era idéntica a la de las pesadillas. En su panza se adivinaba que estaba preñada y aunque seguramente llevaba mucho tiempo sin comer, el imponente y majestuoso porte de su presencia aterrorizó a Santiago, que retrocedió unos pasos. El animal se acercó al asesino de su compañero con el hocico arrugado y mostrando sus desafiantes colmillos. Lo olfateó dando una vuelta a su alrededor y después se alejó muy lentamente. Santiago miró a Gabriel y fue cuando comprendió cuál era el sacrificio que debía hacer para alcanzar la paz, era parte de la misión de la loba. El viejo asintió tímidamente. Su rostro ya no expresaba tanta dureza, de hecho, mostraba una cálida sonrisa.

La loba empezó la ascensión por la rocosa montaña. Cuando había subido la mitad, echó un vistazo atrás, el leñador la seguía decidido. Pronto estarían en su guarida y todo acabaría.

Vicente Ortiz Guardado
30-10-15
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