9 de agosto de 2022

Mi cara sale en el periódico. En todos los periódicos. Hablan de mí en los informativos y redes sociales. Soy un puto meme. Ahora sé lo que es la presión mediática, el acoso, la burla y el odio.

        Antes de tirar el teléfono por el balcón, mi superior me ha dicho que soy un imbécil, que no hable con nadie y que no cuente con renovar. ¡Qué poco sentido del humor! Por mi culpa también peligra su cabeza y la de medio departamento. Hasta el presidente se ha interesado por mí. Él y sus matones, claro. Esos cabrones uniformados me han destrozado el apartamento buscando quién sabe qué. Tras derribar la puerta, con la eficaz amenaza que supone que te apunten con una pistola, me han obligado a quedarme quieto en el sofá. Jamás había sentido tanta impotencia hasta ver cómo esos animales vaciaban todos los cajones en el suelo, volcaban muebles o acuchillaban el colchón. Luego se han ido sin dar explicaciones.

        Era una apuesta entre compañeros, joder. Creí que el inútil del director nos seguía el juego. Que por fin participaba en una broma. Qué iluso fui. Él solo quería su medalla. De haberme percatado, le habría dicho que, lo que estaba a punto de difundir como las nuevas imágenes del universo, eran en realidad las fotos microscópicas del filamento de una bombilla.


Micro escrito para La Parroquia a partir de la imagen propuesta.
Julio de 2022 

1 de agosto de 2022

Cuentos para leer en el váter

Tengo el honor de estar presente en «Cuentos para leer en el váter», una antología como nunca antes se había visto. Coordinada por Francisco Santos Muñoz Rico, es el libro definitivo para acompañar esos ratos muertos dejando tus deposiciones en el retrete. Leer las etiquetas del champú pasó de moda desde que llegaron los móviles, que están a punto de pasar a mejor vida gracias a libros como este. Hasta el bueno de Stephen King recomienda tener algún libro a mano durante esos minutos de encuentro con la llamada de la naturaleza.

        Aunque la premisa era sencilla «escribir un relato que se pueda leer en lo que dura una visita al retrete», ¿quién puede calcular tal cosa? Quizá esa sea la magia de este libro, ya que hay textos de una sola página, mientras otros pasan de seis. Como el tiempo en el tigre, que nunca es el mismo. También hubo cierta ambigüedad con el tema, y algunos no supimos diferenciar entre la extensión y el tema de fondo. Doble magia. Por eso, creo que el lector disfrutará con la lectura de esta obra. 

        Junto a casi toda la plantilla de Dentro del Monolito y un buen puñado de escritores amigos y conidos, la antología incluye un relato de mi autoría entre sus cerca de treinta cuentos. Terror, humor, costumbrismo, situaciones realistas, raras y absurdas, desde lo escatológico hasta lo más pulcro, incluidos 3 relatos escritos por niños. 

        La compilación está formada por textos de: José Luis Pascual, Vicente Ortiz, Lorena Escobar de la Cruz, Cecilio Gamaza, Mar Campos, Daniel Aragonés, Román Sanz Mouta, Estela Muñoz, Juan Cabezuelo, C. G. Demian, Esther Nieva Walkiria, Rashan Al-lal, David Santana, Rodrigo Martínez Puerta, Morrigang, Carlos Ruiz Santiago, Mari Carmen Copete Góngora, Yolanda Martín, Noel Dionisio Muñoz Rico, J. D. Martín, Axel Drojan, Noelia Drojan, Francisco Javier Olmedo Vázquez, Antonio López Sousa, David Morales, Bastian Muñoz, Óliver Muñoz, Ainoha Escobar y dos perlas del propio Franky. La portada corre a cargo de la señorita Mumi.

        Coordinada por el genial Francisco Santos Muñoz Rico (Franky), y a un precio muy, muy bajo, puedes hacerte con un ejeplar en papel en Amazon


19 de julio de 2022

José

A José el de la Juana siempre se le recordará por su cojera, su viejo sombrero de paja y su ronquera. Entre sus cualidades estaban las de toser sin que el cigarro se le cayese de la boca, la de abrir cervezas con los dientes y la del insulto rápido si estaba borracho. Jamás supo qué era trabajar. Ni lo intentó. Su pequeña pensión la invertía religiosamente en el bar de Paco. Cuando de sus bolsillos solo colgaban las llaves de casa, y fin de mes quedaba lejos, cantaba a los parroquianos o limpiaba el bar a cambio de unos chatos de vino.

        En el pueblo dicen que fue un chico corriente hasta llegar al internado. Ese episodio lo transformó en un ser mugriento y huraño que renegaba de Dios. Ni don Facundo, el médico del pueblo que lo acompañó a la capital, sospechó por entonces que conseguirle una paga por tonto le había abierto las puertas a una vida alcohólica. 

        Un mal día encontraron muerto a José. Muchas mañanas había amanecido en posturas imposibles sobre su banco favorito, pero aquella fue la última. Lo que más extrañó a todos fue la nota que sujetaba entre sus dedos rígidos: «Paco, tenías razón, la lejía sabe peor que el vino. Creo que la he vomitado toda, no estoy seguro. Mañana terminaré de limpiar».


Micro escrito para La Parroquia a partir de la imagen propuesta.
Junio de 2022 
Registrado en Safe Creative con Nº 2207291690035

29 de junio de 2022

La ansiada oscuridad, de Henar Cazaña

 Nueva colaboración con Álvaro Aparicio en su podcast Vuelo del cometa

Pongo voz y edición al microrrelato de Henar Cazaña, ganador en la XXIV edición de La Parroquia en su Patreon.


18 de junio de 2022

Los enemigos de Poe

Con la voz del Profesor PV, aquí tienes un audio cuyo texto pertenece a un artículo que C.G. Demian escribió para la web Dentro del Monolito. No todo en la vida de Edgar Allan Poe fueron golpecitos en la espalda.

24 de mayo de 2022

Soy leyenda

Con Lorena Escobar, CG Demian y Jose Luis Pascual le dedicamos un programa a «Soy Leyenda», la novela de Richard Matheson.  

17 de mayo de 2022

Un feligrés más

Vuelvo a poner voces a los micros que enviáis a Forjadores de relatos y no pueden ser leídos por falta de tiempo. El tema que pedíamos debía estar relacionado con la espiritualidad o religión, en cualquier género.

Este audio incluye intro con Rocket Queen, de Guns and Roses, Soy católica, de Flos Mariae y los siguientes relatos:
«Siguiente, por favor» de Escritor incipiente.
«Totem» de Pablo de Garay (@Wizzyspires).
«En otra dimensión» de Libertad García-Villada (@LibertadVillada).
«Sanctor San Thomas» de Kan Zerbervm.
«Confesiones» de CG Demian (@CGDemian).
«Con las manos en la masa» de Vicente Ortiz (@vicenamon).

12 de mayo de 2022

Vía libre

Tras la explosión, la repentina nube de muerte se expandió alrededor del hongo nuclear. En la estación espacial, los camaradas Rodríguez y Mendoza, anotaban en la pantalla el número ochenta y dos junto a unas coordenadas. Solo habían pasado doce horas desde que Andorra liberara la primera bomba sobre Londres. De nada sirvieron los comunicados que hablaron de error o saboteo.

        Los latinautas fueron testigos de la cadena de ataques que asolaron Europa y Asia poco después. Luego, confusión. Una falsa tregua rota por las réplicas que no tardaron en sucederse. En solo unas horas, las difusas siluetas del resto de continentes también quedaron difuminadas bajo los gases que cubrieron el planeta con un apocalíptico manto gris.

        En la estación, los navegantes espaciales se miraron en silencio. Uno de ellos posó la mano sobre el hombro de su compañero y asintió. El otro suspiró antes de enviar el mensaje: «Planeta arrasado. Vía libre para la ocupación».

Micro para Forjadores de relatos. 
Nº de registro 2205121123296 

29 de abril de 2022

Podcast del relato «El bosque del tránsito».

Audio narrado y editado por Sonia Chaves, actriz de doblaje y locutora responsable del podcast Órbita Arrakis, un espacio sonoro dedicado a los relatos dramatizados y la ficción sonora.

24 de abril de 2022

El valle de la muerte

El ensordecedor crujido la roca viva repiqueteaba incesante en mis oídos como un martilleo constante. No podía escuchar ni el arrastrar de mis pasos erráticos al avanzar por el angosto valle. De una y de otra parte rodaban piedras envueltas en nubes de polvo, que avisaban de un inminente ataque. Más peligrosas eran las que se precipitaban limpias desde las manos de los gigantes, y que de forma aleatoria se estrellaban sobre el camino. 

        Incapaz de controlar la caprichosa secuencia de los impactos, decidí caminar en línea recta, ignorando el peligro, pero una violenta ráfaga de viento cálido apagó mi antorcha cuando ya veía el final del corredor. 

        Impaciente por saborear mis entrañas, la difusa silueta de un enorme carroñero sobrevoló mi cabeza. Cegado por el miedo y la polvareda, no advertí el abismo que se abría ante mis pies. Caí.

        Cuando abrí los ojos, apenas podía moverme. Fusionado con la propia roca, que ahora era yo mismo, sostenía un pedrusco desde las alturas. Los que me acompañaban observaban mi confusión. Como un acto involuntario solté la piedra. Abajo, entre el secarral cubierto por el polvo, un iluso pretendía esquivar el valle de la muerte.


Micro escrito para La Parroquia inspirado en la imagen propuesta.

 Abril 2022 Nº registro 2205121123647

21 de abril de 2022

Nueva colaboración poniendo voz y edición para Vuelo del Cometa. «La Carretera», micro escrito por JC González, del Podcast Cuentos del bosque oscuro, fue el ganador de la edición XXII de microrrelatos de La Parroquia.

30 de marzo de 2022

El nombre de la rosa

Tomo por un día las riendas de Territorio Extrañer con la compañía de El Navajo De Ockham, del podcast Book Fiction. Juntos viajamos a la edad media y nos adentrarnos en una abadía llena de misterios y secretos. Una charla ligera en la que hablamos de El nombre de la rosa, la famosa obra de Umberto Eco. Filosofía, veneno, teología, apostillas, libros prohibidos, autores cancelados, semiótica, Borges, Doyle, la risa, el demonio y mucho más.

21 de marzo de 2022

Eres lamentable

Mal, todo mal. No das ni una. A plena luz del día, en una recta y con ese modelito. ¿A quién quieres engañar? ¿Acaso no te informaste antes sobre la leyenda? Tenías tantas prisas que no lo has preparado bien. Te lo dije, te lo advertí mil veces. Tienes que pensar antes de actuar. Pero tú siempre te dejas llevar por impulsos. Así jamás conseguirás nada. ¡Mírate! Estás enfadada, decepcionada contigo misma. ¡No me extraña! Aunque ya deberías estar acostumbrada a los fracasos. Con esa actitud, tu existencia es un bucle del que no saldrás. 

        Ahora vienes lloriqueando porque te han confundido con una prostituta. Otra vez. Es lo de siempre. Y así seguirá siendo si no aprendes. Eres lamentable. 


        Pero no todo está perdido. Ya que estás condenada a transitar el arcén de esa sucia carretera, habla con ella. Si llegáis a un acuerdo, puede que la chica de la curva te deje que algunas noches seas tú la encargada de hacer que esos estúpidos mortales se caguen de miedo. 

Micro escrito para La Parroquia inspirado en la imagen propuesta.

Marzo de 2022 Nº de registro 2205121124507


6 de marzo de 2022

CONTENIDO EXPLÍCITO

No te espantes con el Dinoporno, es un «género» como otro cualquiera. Para Territorio Extrañer, aquí le pongo voz a cinco micros muy originales que no pudieron leerse en el twitch de Dentro del monolito.

2 de marzo de 2022

El encuentro

 Aún hoy, varios años después del encuentro, hay quienes dudan de mi palabra. ¡Que les jodan! Me trae sin cuidado si me creen o no. Por mí pueden seguir llamándome fantasioso. Ojalá ese recuerdo grabado a fuego en mi alma fuese el traumático resultado de una pesadilla febril o de mi inmadura imaginación. De ser así, no soñaría cada noche con el monstruoso ser que me persigue entre los árboles. 

        Desde temprana edad la curiosidad me ha llevado a actuar de forma temeraria, así que, cuando los ancianos advirtieron de su presencia, me procuré una buena excusa para desaparecer y hacer lo contrario a sus recomendaciones. Sin dudarlo un momento, la rebeldía propia de la juventud me empujó a atravesar el bosque cubierto de nieve y bajar hasta el valle para intentar verlo con mis propios ojos. 



        Cuando me disponía a cruzar el río, el áspero crujido de las ramas quebradas por unos pasos me hizo levantar la vista. Se me heló la sangre al ver que me observa desde la otra orilla. Solo fue un momento, pues no me avergüenzo al reconocer que hui sin mirar atrás, pero jamás podré olvidar sus ropajes, su rostro sin pelo y el sonido del artefacto humeante que portaba.

Micro escrito para La Parroquia inspirado en la imagen propuesta.

Febrero de 2022 Nº de registro 2205121125313


21 de febrero de 2022

De Pulp Fiction a «Cara de culo»

Audio creado para Territorio Extrañer en el que hago una parodia de la película Pulp Fiction con un enlace para dar paso a «Cara de culo», un relato de CG Demian y JL Pascual, incluido en la antología Orgullo Zombi.

16 de febrero de 2022

El hombre de Vitruvio

CONTENIDO EXPLÍCITO

Apagué el cigarrillo y me metí en la ducha. El calor de la orina al descender por mis piernas contrastó con el agua fría que la alcachofa escupía contra mis tetas. Me excita esa sensación. Daría la vida por poderme mear desde la cabeza hasta los pies. O mucho mejor, que en lugar de meado fuera la sangre caliente bombeada por una persona que entrega su vida por complacer mi fantasía.

Cachonda como estaba, salí de la ducha sin secarme. Mi decepción llegó cuando entré en la habitación. El hijo de puta roncaba abierto de brazos y piernas. Ni siquiera se había limpiado la polla después de follar. Eso no es que me desagrade, pero si al menos hubiera tenido el detalle de seguir empalmado lo habría despertado con un polvo. Me acerqué a su mesilla y apuré una cerveza barata. Estaba caliente como yo. Como mi orín. Como su sangre. Antes de dejar la botella vacía en el suelo me la pasé por la entrepierna. Demasiado ancha. Entonces tomé la navaja que utilizaba para picar la coca. Sin mucho esfuerzo podría haber agrandado mi oquedad con ella. Habría sido excitante ver cómo entraba la botella bañada de sangre. Estaba enloquecida pero no soy imbécil, eso debe ser muy doloroso. Desesperada, si no podía meterme nada, al menos necesitaba empaparme con algo caliente. Lo miré. Pensé. Corté. Cuando el Hombre de Vitruvio quiso percatarse, mis manos se abrían paso por el canal que surcaba su cuerpo desde el esternón hasta los huevos.


Vicente Ortiz Febrero de 2022

Registrado en Safe Creative 2202160495209


7 de febrero de 2022

Limpiando la cocina, de Óscar Calleja

Nueva colaboración con Álvaro Aparicio en su podcast Vuelo del cometa

Pongo voz y edición al microrrelato de Óscar Calleja, ganador en la XX edición de La Parroquia en su Patreon.

1 de febrero de 2022

El Monolito Resplandeciente

La deslucida imagen de Providence tras la puesta de sol, evocó en mí un morboso deseo de visitar la derruida torre que había frecuentado con mi abuelo siendo niña. Entonces no entendía nada, pero ahora que he legado su obsesión tengo que honrarle encontrando el Monolito Resplandeciente, ese objeto blasfemo que se oculta entre aquellas sombras perpetuas y que devolverá a El Caos Reptante a los abismos. Esa enormidad ominosa acabó con mis progenitores y con los insensatos que lo devolvieron a la vida. Pobres idiotas. No fueron conscientes de que el más despiadado visitante de remotas estrellas no respetaría ni a sus estúpidos devotos. Mi abuelo quiso instruirme, intentó acabar con la abominación que me privó de mis padres y advirtió a las autoridades sobre la sombra que se cernía sobre todos, sin embargo, lo encerraron como a un vulgar perturbado el resto de sus días.

        No sé si las garras de Nyarlathotep ya se habrán extendido como ciclópeos tentáculos por la ciudad. Tal vez esté esperando paciente entre los escombros de la vieja torre para empezar conmigo lo que no pudo con mi abuelo. Lo que sí sé es dónde está el Monolito, y eso equilibra las fuerzas.


21 de enero de 2022

Ya aprenderá

Ver crecer a mi hijo fuerte y sano, o contemplar cómo disfruta de la comida me llena de orgullo. Sé que goza agradecido cuando por la comisura de sus labios chorrea la sangre de la carne cruda, cuando escupe en el plato algún trozo de cartílago y lo mira curioso antes de darle el visto bueno. Lo que más le gusta son las vísceras tiernas y jugosas. Las engulle con tanta ansia que ni las saborea. Ya apreciará los matices y aromas cuando sea mayor. Me preocupan más los excrementos. No que se los coma, eso va en nuestra naturaleza y yo hago lo mismo cuando huelen bien, pero ya debería haber aprendido a no cagar cerca de donde se come o se duerme. A Jose tampoco le gusta que lo haga, por eso le pega con la goma de regar o lo encadena lejos de mí vista. 
          Si sigue creciendo tan rápido, pronto levantará la pata para mear.

Microrrelato para forjadores de relatos

15 de diciembre de 2021

Yo trabajo solo

A las 10:00 p.m. entré en el club. La humareda que flotaba alrededor de los parroquianos formaba nubes cónicas que descendían desde los amarillentos focos del techo. Pendientes del televisor, ni siquiera el jodido barman me reconoció cuando le pedí el whisky de siempre. Me senté al fondo, en la mesa más alejada de la puerta, y desde la que mejor podía controlar todo el local. A mi derecha, una rubia de bote apoyada en la mesa de billar parecía divertirse con dos gorilas que reían. Encendí un cigarrillo y di un sorbo a la copa. A la izquierda, junto a la puerta del baño, un camello discutía con una joven pareja que no se dejaba intimidar por sus teatreros aspavientos. Todo en orden.

Si las cosas marchaban bien, solo tendría que esperar un rato a que llegara mi objetivo con su ligue. Trabajo sencillo. Dinero fácil a cambio un puñado de fotos decentes que entregaría en cuanto saliera de aquel agujero. Consulté la hora después de apurar la copa. Los tortolitos se retrasaban. Contemplé la barra con la idea de levantarme a pedir otro whisky, a riesgo de ser descubierto, pero en ese instante de duda el celular de mi bolsillo vibró.

―Necesito que lo eliminen cuanto antes ―dijo una voz autoritaria al otro lado.

Si ya la falta de educación es algo que me fastidia de un cliente, que me exija algo que no está pactado puede ser el motivo para que renuncie a un caso. Aquel idiota lo había jodido todo en una sola frase.

―Creo que se ha equivocado de persona, amigo. Yo solo hago seguimientos. De lo que se haga después con mis informes, no quiero saber nada.

―No lo entiende ―respondió elevando el tono―, ese hijo de puta se tira a mi chica. ¡Lo quiero muerto!


Claro que lo entendía, sin infidelidades no tendría casos. El mayor misterio para mí es la obsesión del cornudo, esa que le impide hacer borrón y cuenta nueva si antes no le ha puesto rostro a su sustituto.

―¿Me está escuchando? ―preguntó tras un silencio―. Los otros chicos me acaban de decir que ya está en el club.

―¿Los otros chicos? ¿Me está tomando el pelo? Yo trabajo solo.

―No me venga ahora con principios. Hay que acabar con él, por eso también los contraté a ellos como refuerzo.

―¡Váyase a la mierda!

―No se enfade, le pagaré lo acordado cuando me entregue las malditas fotos.

Dejé el teléfono junto al cenicero y así la pipa bajo la mesa. Mis ojos barrieron la oscuridad del local hasta que se toparon con la gélida mirada de uno de los gorilas que, con más torpeza que discreción, sacaba una semiautomática del bolso de la rubia.

―Aunque esté disfrazado ―continuó lejana una voz desde el aparato―, quiero ver como era su cara antes de que empiecen los disparos.


Vicente Ortiz

Microrrelato noir presentado a Moraleja Novela negra 2021

Número de registro en Safe Creative 2112150040084


22 de noviembre de 2021

31 de octubre de 2021

Ochenta dólares

 

No sé a qué supuesta fuerza se debe la casualidad, una coincidencia, incluso varios sucesos inesperados que terminan vinculados. Es como si la caprichosa varita de un mago burlón te tocara para que se enlazaran un cúmulo de acontecimientos poco relevantes, pero que, analizados, todos son importantes en el devenir de unos hechos. Fatales en mi caso. De haberme gastado ochenta dólares en una batería para el coche, no me habría meado en los pantalones buscando el refugio de un viejo armario que apestaba a naftalina, ni ahora estaría repitiendo mi historia a un joven abogado con más granos en la cara que casos defendidos.

 

 

Después de una monótona jornada laboral caminé apresurado a la calle. Por suerte ya no llovía y, aunque no hacía frío, deseaba llegar a casa cuanto antes. El plan era darme una ducha, ponerme algo cómodo que no me quitaría en un par de días, preparar algo rápido en el microondas y beber unas cervezas frente al televisor. Esa era la rutina que seguía a rajatabla desde que Carol me dejó tres años atrás. No la culpo por ello, porque tampoco es que antes hiciera mucho más. Quizá pedir comida a los chinos de la calle Carlin o dar una vuelta por el centro comercial algunos sábados por la tarde.

Camino del aparcamiento decliné la invitación de los chicos para ir al tugurio donde todos los viernes se emborrachan. Creo que me invitan porque conocen la respuesta. Alguna vez he pensado en acompañarlos solo por joderles.

Antes de abrir la puerta de mi abollado Ford, dirigí una sonrisa a Anne. Sin atender al resto de vehículos, pasaba muy despacio en su enorme familiar color caca descolorida. Tras la ventana medio bajada, acomodaba un cigarrillo entre sus anchos labios y me miraba con lascivia. Al menos eso pienso cada vez que pone esa cara tan Anne. Creo que ya nos habríamos revolcado alguna vez de no ser mi superior. También quiero pensar eso. Es más fácil. Aunque la realidad será otra. Posiblemente su voluptuoso cuerpo de madre soltera con cuatro hijos no vea en mí otra cosa que a un tipo fracasado incapaz de darle otro hijo. Puede que hasta se burle de mí con ese juego de miradas.

Tiré el abrigo en el asiento del copiloto y me aflojé la corbata antes de entrar. Un quejido involuntario salió de mi garganta al dejarme caer frente al parabrisas cubierto de vaho. Introduje la llave de contacto para poner el coche en marcha, pero el perezoso motor apenas giró un suspiro. En el segundo intento ni siquiera se iluminaron los malditos testigos del salpicadero. Ignorar los avisos de la inminente muerte de la batería no había sido buena idea. Resignado, salí del coche y lo despedí con un portazo. Para evitar ser visto por alguno de los chicos, abandoné el aparcamiento por la rampa peatonal de la parte trasera.

Veinte minutos de caminata después pisé la zona residencial. A diferencia de los habitantes del centro, que parecen enmascarados todo el año, ver gente disfrazada en la calle solo podía significar que era la noche de Halloween. Las risas de un grupo de zombis y brujas de pequeña estatura, liderados por un tipo de chaqueta roída y demasiados pendientes, me recordó que debía desconectar el timbre al entrar en casa. Si hay algo más molesto que aguantar a un niño, es aguantar a un grupo de niños hambrientos de caramelos y otras porquerías.

La chillona voz de la señora Emily me atravesó los tímpanos cuando pisé mi calle. Mujer creyente, de comportamiento reservado y vida discreta, maldecía muy enfadada. Antes de llegar a su jardín me cambié de acera. De nada sirvió. Con vista de rapaz nocturna me adivinó en la oscuridad.

¿Te lo puedes creer? ¡Mira cómo me han dejado la pared esos mocosos!

Descubierto, no me quedó más remedio que acercarme a ella. Fuera de sí como jamás la había visto, se giró hasta darme la espalda y empezó a mover con ímpetu sus rollizos brazos, en un intento bastante lamentable de abarcar toda la fachada con las sacudidas.

 —Huevos, han tirado al menos una docena de huevos esos pequeños hijos de Satanás. Ha sido espantoso, Damon. Acabo de llamar a la policía porque uno de ellos no paraba de dar patadas a la pared mientras me amenazaba.  Todo por cerrarles la puerta cuando empezaron a reírse mientras repetían: «¿truco o trato?».

Era divertido ver cómo tocaba los restos viscosos que aún escurrían por la pared sin dejar de parlotear y moverse de un lado a otro.

—Es imperdonable, señora Emily —respondí con falsa empatía.

—No hay educación, Damon, qué va a ser del país con estos valores. Es culpa del maligno, que está en todas partes esperando a que flaqueemos. Primero los comunistas, luego las rameras de la televisión, y ahora la hierba que vuelve locos a los jóvenes. Seremos condenados por sus pecados. ¡Todos!

A punto estuve de soltar una carcajada cuando noté que se tambaleaba. Pesaba tanto como yo, pero no tuve problemas para ayudarla a entrar en casa y dejarla sobre el sofá.

Un coche paró sobre el camino que separa el césped de la entrada en dos parcelas idénticas. El chirrido brusco de los neumáticos al derrapar sobre las placas de granito artificial hizo que se levantara como un resorte para cerrar la puerta y apagar las luces. En su rostro aún se reflejaba la cólera, alimentada ahora por movimientos frenéticos. Ni rastro del desvanecimiento. 

18 de octubre de 2021

Campanas de a muerto, de Oscar Calleja.

Colaboración con Vuelo del cometa, de Álvaro Apario. Interpretando al Profesor P.V. ponemos voz y edición al microrrelato ganador del XVI concurso.

22 de septiembre de 2021

Coloquio licántroper

En la web Altavoz Cultural nos han hecho una entrevista a Irene, una compañera de antología, y a mí.

Puedes leerla aquí



1 de septiembre de 2021

Prólogo antología

El Profesor PV nos introduce en la antología Transfórmate o muere, leyendo el prólogo de Carlos Ruiz Santiago.

22 de agosto de 2021

Transfórmate o muere

«Transfórmate o muere» es una antología de relatos alrededor de la figura del hombre lobo. En ella, se aportan quince originales visiones acerca de la licantropía, huyendo de los clichés y visitando distintos géneros como ciencia-ficción, fantasía, humor y, por supuesto, terror. La transformación de hombre a lobo —y viceversa— sirve como elemento de cambio radical, de ver las cosas de otra manera y de proponer una mirada a la vida influenciada por el plenilunio. O te transformas o mueres.

La antología está compuesta por los siguientes autores: Verónica Cervilla, C.G. Demian, Irene Callejas, Francisco Santos Muñoz Rico, Manuel Gris, Vicente Ortiz, Borja Alonso Alonso, Elena Romea, Tania Huerta, Roberto Bayeto, José Luis Pascual, Luis Bravo, Arima Rodríguez Vega, B.J. Sal y Lorena Escobar. Además, se incluye el artículo de Carlos Ruiz Santiago «Reivindicando la figura del licántropo» a modo de prólogo.



«Transfórmate o muere» es un proyecto nacido del podcast «Territorio Extrañer».
Puedes descargarlo gratis en ePub, moby o Pdf en Lektu.